Globalist:


Americae

Narcos, Maciel e destra politica: le tre sfide (impossibili) del Papa in Messico

Il Papa arriva alla vigilia di una drammatica campagna elettorale per le presidenziali. Il Paese è devastato dalla guerra del narcotraffico: 60mila morti e 10mila scomparsi

redazione
venerdì 23 marzo 2012 16:26

Pubblichiamo questo intervento del nostro corrispondente Eduardo Lliteras, sul viaggio che Benedetto XVI si appresta a compiere in Messico.
La seconda tappa della visita, fra l'altro, come è noto sarà Cuba.
Ma intanto nel grande Paese del Centro America il Pontefice si troverà di fronte una realtà devastata dal narcotraffico, dalla corruzione politica dai tentativi autoritari e militari messi in atto dal presidente Felipe Calderon per arginare il dilagare della violenza. I due partiti della destra messicana che si contendono il potere, il Pri e il Pan,, hanno assunto entrambi, negli ultimi anni, una vocazione clericale. Intanto gli immensi scandali sessuali e finanziari di Marcial Maciel, il fondatore dei Legionari di Cristo, la potente e oscura congregazione originaria del Messico, restano sullo sfondo della trasferta del Papa.

Ratzinger, questa volta, a differenza di quanto ha fatto in altri Paesi, non incontrerà le vittime degli abusi, il caso Maciel infatti è troppo grave e dirompente: i suoi intrecci e le sue ripercussioni riguardano le più alte sfere del Vaticano e lo stesso pontificato di Giovanni Paolo II. I Legionari sono stati arma di potere politico e canale di collegamento fra la destra ecclesiale e le lobby reazionarie in Messico e Stati Uniti. Ora quel disegno affonda fra gli scandali e potrebbe trascinare via con sé anche una buona parte di storia vaticana degli ultimi decenni. Il sacerdote Maciel, con i suo figli, le sue violenze sessuali, i suoi tesori nascosti, è il fantasma che accompagna il Papa in un Paese devastato dalla guerra dei narcos.

¿A QUÉ VIENE EL PAPA A MÉXICO?

Di: Eduardo Lliteras

¿A qué viene el papa a México?, ha sido la pregunta recurrente desde que el Vaticano anunció la visita de Ratzinger a México.

Y es que el papa viajará por vez primera al país norteamericano en un año electoral, en medio de la peor crisis de seguridad y política que vive México desde su Independencia o la invasión de Estados Unidos en 1945, cuando perdió la mitad de su territorio en medio de guerras intestinas. En el presente, México vive una situación de emergencia nacional, con más de 60 mil muertos por la llamada guerra al narcotráfico, más de 10 mil desaparecidos y cientos de miles de desplazados que han huido de sus hogares por la violencia.

Según el episcopado mexicano, Benedicto XVI traerá un mensaje de "paz", sin embargo, la visita del pontífice alemán se llevará a cabo en medio de un dispositivo militar y policiaco no visto en ninguna de las visitas de Juan Pablo II a México.
La ciudad de Guanajuato y el centro del país serán un búnker para proteger al papa quien visita México durante un proceso electoral histórico para el país. La derecha conservadora, justifica la violencia con el supuesto combate al narcotráfico mientras Washington aplaude, vende armas y negocia ventajosos acuerdos para explotar el petróleo mexicano. Esa derecha pretende usar la visita del papa como escaparate político y propaganda electoral, no cabe duda.

No casualmente los partidos de la derecha mexicana, es decir, el PAN y el PRI, realizaron una polémica reforma a la Constitución Mexicana, al vapor y a toda prisa, con el objetivo de ampliar la llamada "libertad religiosa". México, país de histórica tradición laica, no permite la educación religiosa en las escuelas públicas, por ejemplo. El alto clero mexicano, aliado de la monarquía española en la Guerra de Independencia o de los franceses en la invasión de 1865, se opone a la victoria de la izquierda nacionalista en México en las próximas elecciones.
Ese mismo clero, con el cardenal Rivera Carrera -quien sueña, de nuevo, "con ser papable" en el próximo cónclave,-ha pedido a los narcotraficantes una "tregua" por la visita del papa.

Sin embargo, hasta ahora, ni el Vaticano, ni la Conferencia Episcopal Mexicana, han dicho si el papa piensa abordar el tema de los abusos sexuales a menores cometidos por sacerdotes mexicanos. Si Ratzinger creará una comisión para investigar esos delitos en México. O si el pontífice pedirá perdón a las víctimas, a los periodistas acosados y que perdieron su trabajo por haber denunciado al criminal Marcial Maciel, fundador de la Legión de Cristo. Tampoco se sabe cuál será el tono del discurso del papa sobre la violencia en el país. Lo cierto, es que además de los muertos y desaparecidos, una parte importante de la población mexicana vive en el terror por los secuestros, los asaltos, los asesinatos de mujeres y los abusos y hasta ejecuciones extra judiciales llevadas a cabo por militares y policías.

En efecto. Según la ONU el gobierno mexicano no puede culpar a los grupos de la delincuencia organizada de ser los únicos responsables por los casos de desaparición forzada que ocurren en el país, ya que buena parte de ellos son cometidos por sus propias fuerzas de seguridad, en medio de una impunidad crónica que genera aún más desconfianza entre las víctimas y sus familiares.
La pregunta permanece: ¿A qué viene el papa a México? ¿A justificar la violencia? ¿La estrategia fallida del Gobierno derechista? ¿A exigir más prebendas al Gobierno Mexicano a cambio de apoyo de cara a las próximas elecciones? ¿A comprar caro, su silencio y bendición, al río de sangre en el que se ahogan los mexicanos?